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¡Vamos a marchar! | FOTOS

Todos crecemos con complejos. Como mexicanos en una cultura patriarcal que glorifica al macho proveedor, toda conducta etiquetada como femenina es castigada o al menos etiquetada como incorrecta. Incluso no falta el tío, el amigo, el vecino o hasta el papá que por hacerse "el incluyente" dice "Yo no tengo nada en contra de los gays, solo que no se les note"... ¿A ver, cómo?
No puedo hablar del mundo, pero puedo hablar del norte de México. Crecemos en un contexto que nos enseña a meternos en el clóset, a escondernos, a que no se nos note. A estar avergonzados de nosotros mismos y de cualquier forma de expresarnos que no coincida con la norma social.
Las razones de la homofobia son muchas y muy variadas, pero podemos simplificarlas a dos principales: La homofobia religiosa, que considera "inmoral" cualquier unión sentimental no reproductiva (entiéndase, hombre + hombre, mujer + mujer, persona trans + cis, trans + trans, etc.) y la homofobia por misoginia, que encuentro especialmente tóxica; la que rechaza todo lo femenino por considerarse "inferior". La homofobia misógina no odio a los homosexuales por serlo; los odio por tomar conductas femeninas y con esto tocamos muchos más problemas en los que no quiero profundizar.

Mi proceso de salir del clóset fue tardado, fue algo largo. La batalla más difícil fue la de salir del clóset conmigo mismo; saber qué soy, que lo que siento es real, es auténtico y es válido. Supe quién era y qué sentía más o menos desde los 16 años, y hoy a los 23 puedo decir que estoy totalmente fuera del clóset en todos los aspectos de mi vida. Que no me tengo que esconder y que afortunadamente tengo una familia nuclear, una familia extendida, un círculo de amigos y (muy importante) un ambiente laboral que me respeta, acepta y valida.

Pero no todas las personas pertenecientes al espectro LGBTTTIQ+ tienen la misma suerte que yo tuve y tengo.
Cada mes de junio que hay una marcha de la diversidad próxima veo una ola enorme de positividad y representación en miembros de la comunidad y en aliados, pero también escucho muchos comentarios de gente que "no le gustan esas cosas" o "no es necesario andarse exhibiendo". Sí, tanto de personas cisgénero y heterosexuales, como de miembros de la misma comunidad LGBTTTIQ+ (principalmente hombres cisgénero homosexuales, debo decir).

La marcha existe porque la gente se cansó de callarse.
Los derechos que tienes hoy, hombre homosexual, la libertad de no ser perseguido, los lugares a los que puedes ir y las apps que puedes usar (ups!) son el resultado de la primer revuelta de gente que se levantó a manifestarse, tanto en EEUU, como en México, que también tenemos a nuestros pioneros de los derechos LGBTTTIQ+.
Y si tú, persona heterosexual, no entiendes la marcha, tienes mucha suerte de que nunca te han negado un derecho o te han rechazado por algo que tú no puedes controlar.

La marcha nos representa a todos.
Este año que asistí a marchar tanto en Monterrey como en la CDMX pude ver dos perspectivas distintas. Además de que la de Monterrey es mucho más pequeña, tiene un enfoque más político en el tema de la lucha por derechos iguales, la exigencia de una ley de identidad de género y que, de una vez, dejemos de ser el estado no.1 en crímenes de odio contra la población LGBTTTIQ+.
La marcha de CDMX no deja de ser un acto político (y vaya que lo fue!) pero es una celebración por lo que ya se logró en CDMX (ley de identidad de género y matrimonio igualitario) y un recordatorio de que aquí estamos, aquí seguimos y no nos vamos.
Marchar nos une como comunidad. Todas las edades, todos los tonos de piel, todas las tallas. Estoy seguro de que el asalariado y el freelancer marchan por igual; el intelectual y el artista. Por un día podemos olvidar TODAS nuestras diferencias como personas y marchar por el mismo derecho a amar y a ser nosotros mismos.
Junio ya está terminando, pero tenemos todo el año para seguir marchando, seguirnos visibilizando, seguir trabajando por un mundo diverso, equitativo y justo donde no se discrimine a nadie y quepan todas las formas de amar y todas las familias.
Si crees que las marchas no te representan, sal a representarte a ti mismo. Encuéntrate entre la multitud; estoy seguro de que tienes mucho más en común con nosotros de lo que piensas.
Y si ya marchaste, sigue haciéndolo. Sigue sintiéndote orgulloso de salir a marchar con la frente alta.
¡Muchas gracias por leerme! Tenía miedo de compartir algo como esto con un enfoque más personal de lo normal, pero estoy contento con el resultado y quería compartirlo.
¡Nos leemos muy pronto!

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